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Error 2: No despedir a tiempo

Este post forma parte de la serie “Mis cinco peores errores como emprendedor“.

En España, el asunto del despido está cargado de prejuicios e ideología. Mucha gente imagina que el empresario tiene este aspecto…

Rico banquero se fuma un puro

… y que se fuma el puro mientras despide por placer a 10.000 “trabajadores” (el empresario, por supuesto, no trabaja).

La realidad es radicalmente distinta. En primer lugar, el 95% de las empresas españoles tiene menos de 20 empleados. Así que el empresario es más bien alguien que lucha para sacar adelante un pequeño negocio. En segundo lugar (y aquí hablo ya sólo de mi experiencia personal) no he conocido a nadie a quien le guste despedir.

Para los emprendedores, despedir a alguien suele ser especialmente difícil porque en el nacimiento de nuevos proyectos se establecen relaciones muy cercanas con todos los miembros del equipo. Lejos de hacerse “por gusto”, cuando se despide a alguien suele haber muy buenos motivos para hacerlo. Los más habituales son que la situación financiera de la empresa lo exige (una empresa que no gana dinero es una empresa condenada al cierre) o que el rendimiento de la persona despedida es claramente inferior al necesario.

Hay un tercer motivo para despedir a alguien y que nos lleva a mi segundo peor error como emprendedor: me equivoqué al no despedir a tiempo a personas muy eficaces individualmente pero incapaces de trabajar en equipo, personas que creaban a su alrededor un mal ambiente de trabajo y con las que casi nadie más quería tratar. No había oído hablar todavía de un concepto básico: The No Asshole Rule.

¿Suena a broma? Tal vez si os digo que el autor es Bob Sutton, un prestigoso profesor del Stanford Graduate School of Business, empecéis a pensar que puede que haya algo detrás de ese título tan “original” :-). Si no conocíais la No Asshole Rule, os recomiendo dos tests para entender de qué se trata:

  • El primero es el ARSE (“Asshole Rating Self-Exam”), que define muy gráficamente el modelo extremo de persona que no deberías mantener en tu equipo.
  • El segundo es el ACHE (“Asshole Client from Hell Exam”). Sí, la regla se aplica también a ese Cliente que se distingue claramente por hacerle la vida imposible a tu equipo, estar permanentemente insatisfecho y ser siempre innecesariamente desagradable y amenazador. Si piensas que todos tus Clientes son así, probablemente el problema sea tuyo. Pero si entre tus veinte Clientes hay uno que encaja en el patrón, el problema está en ese Cliente.

Como emprendedor o gestor, eres responsable del éxito a medio plazo de la empresa. Si sabes que tienes en tu equipo a alguien que no pasaría el test ARSE (y, no nos engañemos: cuando lo tienes, lo sabes), debes despedir a esa persona cuanto antes o acabarás haciéndolo dentro de un tiempo cuando ya haya quemado a la mitad de tu equipo.

Lo mismo se aplica a ese Cliente de pesadilla: si lo tienes, despídelo o te costará mucho más de lo que te aporta.

Los otros errores:
Error 5: Delegar mal
Error 4: Descuidar los principios básicos
Error 3: Querer ser todo para todo el mundo
Error 1: No decir “no”

Error 4: Descuidar los principios básicos

Este post forma parte de la serie “Mis cinco peores errores como emprendedor“.

Uno de los mayores retos del emprendedor es crecer ordenadamente: es realmente difícil añadir continuamente Clientes, proyectos y empleados manteniendo tanto la calidad como el alma de la empresa (y especialmente en un negocio de servicios a medida como fue el nuestro).

Como consecuencia del crecimiento, siempre acaban surgiendo problemas y dilemas organizativos, y empiezan a hacer falta una estructura y unos procesos para hacer lo que hasta el momento simplemente “se hacía”.

¿Cómo es posible que algo se hiciese sin más? Creo que la respuesta es que los equipos fundadores están tan comprometidos con el resultado (que el proyecto salga bien, que el Cliente quede satisfecho) que hacen “lo que sea” para conseguirlo.

Con esto no quiero decir que los procesos no aporten nada: al contrario, es absurdo reinventar la rueda una vez tras otra o arriesgarse a olvidar pequeñas cosas que un simple checklist pemitiría hacer siempre de forma consistente. Pero ningún proceso, por bueno que sea, puede suplir el contar con un equipo de personas comprometidas con el resultado. Cuando tienes “gente buena”, ellos se encarga de tapar cualquier posible agujero en el proceso. Cuando no la tienes, el más exhaustivo de los procesos no conseguirá evitar que surjan problemas.

Ese “tener o no tener gente buena” depende de ti: de cómo hagas la selección al contratar y de cómo transmitas al equipo los principios que para ti son importantes.  Entre mis principios básicos estaban la “obsesión por el servicio” y la búsqueda de la excelencia: fallarle al Cliente no era una opción, no era admisible. Sin embargo, a medida que fuimos creciendo, pusimos más énfasis en la organización y los procesos que en transmitir estos principios. La consecuencia fue que perdimos la capacidad de ofrecer la máxima calidad de forma consistente.

Una nota importante: transmitir tus principios no es algo que se consiga a base de dar una discursito de vez en cuando. Exige dedicar tu tiempo a las personas en las que vas a delegar, y trabajar codo con codo con ellos para que puedan aprender haciendo: sólo así puedes construir una base sólida sobre la que seguir creciendo en el futuro.

Los otros errores:
Error 5: Delegar mal
Error 3: Querer ser todo para todo el mundo
Error 2: No despedir a tiempo
Error 1: No decir “no”

Error 5: Delegar mal

Este post forma parte de la serie “Mis cinco peores errores como emprendedor“.

El emprendedor suele ser alguien que persigue una visión, alguien que imagina un futuro y hace todo lo posible para conseguirlo. Puesto que esa visión es algo muy personal, es frecuente que a los emprendedores les cueste delegar, porque “no va a salir tan bien como si lo hiciera yo”.

En mi caso, como me gusta leer de vez en cuando libros de management, estaba preparado para no caer en la trampa del “todo pasa por mí”. Pero aprendí (a base de hacerlo mal) que hay otra trampa distinta: delegar no es lo mismo que desentenderse.

Lo mejor que he leído acerca de la delegación está en el libro “The 7 Habits of Highly Effective People”, de Stephen R. Covey. Como en todos estos libros, “los 7 hábitos” tiene una parte de auto-vendida en la que Covey te cuenta que el libro cambiará tu vida laboral, personal, familiar, en tu iglesia, en tu comunidad y casi hasta en el gimnasio. Pero, una vez superada esa parte, incluye un buen número de perlas que merecen la pena. Covey dice que, para delegar en condiciones, hace falta definir claramente una serie de cosas:

  • Los resultados a obtener:
    Asignar tareas es una “delegación de pacotilla”. Para delegar de verdad hay que hacer a otra persona responsable de obtener unos resultados.
  • Los principios básicos:
    No puedes darle a esa persona una guía paso a paso de lo que tiene que hacer, porque caerías en la asignación de tareas. Pero sí debes darle una guía básica para ayudarle a encauzar su trabajo: si sabes que hay tres cosas que nunca funcionan, coméntaselo.
  • Los recursos disponibles:
    Asignar responsabilidades sin asignar recursos (ya sean tiempo, dinero, herramientas o un equipo de trabajo) es más castigar que delegar.
  • La evaluación de resultados:
    ¿Cómo y cuándo revisaréis los resultados? No puedes delegar algo y no volver a preguntar por ello.
  • Las consecuencias:
    ¿Por qué es importante conseguir estos resultados? ¿Qué gana la empresa? ¿Qué gana la persona en la que has delegado (reconocimiento, desarrollo profesional, parte de una retribución variable…)?

Si pensabas que delegar era solamente encargarle algo a alguien, ya ves que no: delegar bien es difícil y exige un método y un cierto cariño, pero siempre merece la pena.

Los otros errores:
Error 4: Descuidar los principios básicos
Error 3: Querer ser todo para todo el mundo
Error 2: No despedir a tiempo
Error 1: No decir “no”

Mis cinco peores errores como emprendedor

Cuando se habla de emprendedores, suelen contarse las historias de lo que salió bien. Sin embargo, normalmente podemos aprender mucho más de las cosas que salen mal. Por eso me he decidido a escribir una serie de posts acerca de los peores errores que cometí en mi primera etapa como emprendedor.

Los blogs de emprendedores suelen hablar de cuestiones como los socios, cómo conseguir capital o cómo hacer un buen business plan; pero yo voy a hablar de mis errores de management: al final, el emprendedor es un gestor que crea un negocio desde cero.

Aquí están mis cinco peores como emprendedor:

5. Delegar mal

4. Descuidar los principios básicos

3. Querer ser todo para todo el mundo

2. No despedir a tiempo

1. No decir “no”