Lo mejor que he leído sobre Trump

Estos dos párrafos son el mejor análisis sobre “qué es Trump” que he leído hasta ahora:

[…] to call him a fascist of some variety is simply to use a historical label that fits. The arguments about whether he meets every point in some static fascism matrix show a misunderstanding of what that ideology involves. It is the essence of fascism to have no single fixed form—an attenuated form of nationalism in its basic nature, it naturally takes on the colors and practices of each nation it infects. In Italy, it is bombastic and neoclassical in form; in Spain, Catholic and religious; in Germany, violent and romantic. It took forms still crazier and more feverishly sinister, if one can imagine, in Romania, whereas under Oswald Mosley, in England, its manner was predictably paternalistic and aristocratic. It is no surprise that the American face of fascism would take on the forms of celebrity television and the casino greeter’s come-on, since that is as much our symbolic scene as nostalgic re-creations of Roman splendors once were Italy’s.

What all forms of fascism have in common is the glorification of the nation, and the exaggeration of its humiliations, with violence promised to its enemies, at home and abroad; the worship of power wherever it appears and whoever holds it; contempt for the rule of law and for reason; unashamed employment of repeated lies as a rhetorical strategy; and a promise of vengeance for those who feel themselves disempowered by history.

Son de Adam Gopnik en The New Yorker: Being Honest About Trump.

 

No regales tu tiempo

Hace unos días recibí una notificación por email de Facebook. Tengo todas desactivadas, pero cada cierto tiempo se inventan una nueva:

notif-fb

En ese momento pensé: “¿De verdad? ¿Queréis que deje todo y entre en Facebook porque alguien ha subido una foto?”. Después recordé dos cosas importantes:

  1. Siempre que no pagas por utilizar un producto comercial, lo que está ocurriendo es que tú eres el producto. Buscar en Google te parece “gratis” porque Google te vende a ti a todos los anunciantes que quieren mostrarte sus ofertas. Tú eres el producto:

    Cursor_and_como_perder_peso_-_Buscar_con_Google

    Igualmente, Facebook es “gratis” porque utiliza toda la información que tiene acerca de ti para venderte a los anunciantes. Los clientes de Facebook son los anunciantes y tú eres el producto.

  2. Todas las apps intentan convencerte de que sus notificaciones te aportan un valor. Sin embargo, la realidad es que la inmensa mayoría de las notificaciones no te aportan nada sino que te quitan tu recurso más valioso: tu tiempo. Por lo general, cuanto más tiempo le regalas a una app más enriqueces a la empresa que está detrás… y más te empobreces tú.

¿Por qué Facebook te envía continuamente notificaciones? No es por ti. No es importante que te enteres en el mismo instante en que cada uno de tus contactos suba una foto. Lo que Facebook quiere es tu tiempo porque es lo que vende a sus anunciantes. Cuanto más tiempo pases en Facebook, más anuncios puedes ver: te conviertes en un producto fantástico que vender a todas las marcas que quieren tener un hueco en tu mente.

Incluso si piensas “buah, yo paso de los anuncios”, la pregunta realmente importante es si dejándote llevar por todas las apps que reclaman tu tiempo te estás haciendo un favor o no. La respuesta es un claro NO. Cada vez que haces clic en una notificación “para ver qué es”, has dejado que sea otro quien decide qué haces con tu tiempo.

¿Alguna vez te preguntas cómo lo consigue esa gente que parece que no para de hacer cosas? Si te preocupa tu productividad, lo más probable es que la solución no sea otra app más, sino menos apps:

  • No mires “a ver qué hay nuevo” cada 5 minutos. ¿De verdad pasa algo si no te enteras de todo lo que está diciendo todo el mundo continuamente?
  • Desactiva todas las notificaciones. Una app solo debería poder interrumpirte si es imprescindible que sepas algo inmediatamente. ¿Necesitas saber ahora mismo que a alguien le ha gustado una foto o que se acerca el fin de semana y puedes hacer una reserva en algún restaurante?
  • ¿Tienes un rato libre? Dedícalo a pensar (sí, no pasa nada por no estar viendo algo en el móvil durante 5 minutos) o lee algo largo: un artículo, un libro… Pasar de una foto de bebé a un video gracioso a una animación de un gato a una frase medio profunda entretiene mucho pero no te aporta nada. Esa forma de “consumir contenidos” evita que tengas un solo segundo de aburrimiento y por tanto evita que dediques un solo segundo a pensar, a organizarte, a hacer planes o a decidir mejorar algo.

La próxima vez que te descubras a punto de hacer clic para ver qué hay nuevo en Facebook, Twitter, Instagram o la aplicación X que te tiene enganchado, para un momento y piensa: ¿de verdad quiero regalarles mi tiempo? ¿Es esto lo que quiero hacer con mi recurso más valioso? ¿Voy a ser yo quien decida qué ver o leer o voy a dejar que una empresa lo decida por mí? ¿Voy a utilizar un producto o voy a convertirme en el producto que otros venden?

Ser feliz es una decisión

Hola chicos,

Hoy os voy a contar una de las cosas más importantes que he aprendido.

Antes o después llegará un momento en que os preguntaréis si sois felices o no. Hablando con la gente, veréis que a menudo piensan dos cosas sobre la felicidad:

  • La primera es que “lo que les ha tocado en la vida” no les deja ser felices. Hay adolescentes que creen que no pueden ser felices porque sus padres no les dejan hacer tal o cual cosa; y hay adultos que creen que no pueden ser felices porque tienen problemas de dinero, trabajo, salud, relaciones… lo que sea.
  • La segunda cosa que piensan es que serían felices si ocurriera algo que cambiara su vida: si les tocara la lotería y se fueran a vivir a una isla paradisiaca sin volver a trabajar jamás, o algo por el estilo. 

Lo que he aprendido es que esas dos formas de pensar son equivocadas:

  • No son los demás ni las dificultades los que “te deprimen” o “te amargan”: pueden pasarte cosas malas, pero eres tú quien te deprimes o te amargas.
  • Y no son la vida, ni otras personas, ni las cosas que tienes las que te hacen feliz: eres tú quien decide ser feliz (o no serlo).

Ser feliz no se parece en nada a no tener ningún problema: eso no existe. Los obstáculos que te vas encontrando a veces pueden ponértelo difícil para ser feliz. Pero, cuando eso ocurre, se puede reaccionar de dos formas muy diferentes:

  • Algunas personas dedican el día entero a pensar en lo que va mal hasta el punto en que ya no permiten que les ocurra nada bueno: si alguien les sonríe, no lo ven; si les dicen algo amable o cariñoso, no lo oyen. Se aíslan completamente de todo excepto de lo que está fallando.
  • En el lado opuesto, otras personas deciden que, ya que hay cosas que no van bien, van a “coleccionar” todos los momentos felices que se les pongan por delante. Conservan la sonrisa y disfrutan de las pequeñas cosas mientras hacen todo lo posible por mejorar lo que está dando guerra.

Podéis decidir en cuál de los grupos queréis estar.

No dejéis que vuestra mente se llene de lo negativo: estad atentos a todos los pequeños buenos momentos y grabadlos en vuestra memoria para poder recordarlos al final del día. Podéis decidir ser felices.

Hay una cosa curiosa: está comprobado que ser feliz es mucho más fácil cuando dedicas tiempo a ayudar a los demás, así que “ser bueno” tiene su recompensa. Pero ya hablaremos de eso otro día ;-)

Os quiero,

Papá

P.D. Hay muchos tipos de momentos felices y hay que saber reconocerlos. Hace poco leí esto:

El motor de la felicidad son las emociones positivas, ya que la felicidad es, sobre todo, una sensación. […] Barbara Fredrickson […] describe las diez emociones positivas más comunes: “alegría, gratitud, serenidad, interés, esperanza, orgullo, diversión, inspiración, respeto y amor”.

Merece la pena recordar momentos en que has sentido cada una de esas emociones: hay que coleccionar más de esos :-)

Por qué adaptarse bien puede ser malo

Los humanos tenemos una capacidad de adaptación increíble. Somos capaces de sobrevivir en climas árticos y en desiertos, en poblados de unas pocas cabañas y en macro-ciudades de millones de habitantes. Somos capaces de aprender todo tipo de actividades y trabajos para salir adelante.

Lo curioso es que cuando lo que queremos no es solo sobrevivir, sino Vivir con mayúsculas, sacarle todo el jugo a la vida, nuestra capacidad de adaptación suele jugar en nuestra contra.

Imaginad este experimento: coges una caja de cartón, la típica de las mudanzas, y la pones en medio del salón; en un sitio en el que, aparte de quedar mal, moleste: que haya que esquivarla un poco para salir. Y ahora, simplemente, la dejas ahí, sin apartarla ni quitarla de en medio. Un día, dos días, tres días… una semana, dos semanas, tres semanas… un mes, dos meses…

Los primeros días, la caja te molesta. Te fastidia verla en medio del salón. Te chocas con ella tres o cuatro veces. Vendría bien un cambio, deshacerte de la caja. Pero, si no lo haces, tu capacidad de adaptación toma el relevo. Empiezas a hacer un pasito de baile que te permite esquivar la caja sin tropezar. Y pasan los días.

A las dos semanas, tienes la caja perfectamente ubicada. Puedes llevar la cena en una bandeja y ya haces el pasito de baile sin mirar. De vez en cuando ves la caja y piensas que no debería estar ahí. Y pasan los días.

Y llega un momento (¿tal vez al mes, a los dos meses?) en el que ya simplemente no ves la caja. Forma parte del salón. Ni siquiera notas que haces un pasito de baile catorce veces al día para no chocarte: es lo normal.

¿Sería mejor quitar la caja? Desde luego, pero ya ni si quiera se te ocurre: te has adaptado.

Te puedes adaptar a la caja, a un grifo que gotea y nunca arreglas, a un armario que cierra mal… Pero al final no dejan de ser pequeñas cosas sin importancia. Lo malo es que ese mismo “lado oscuro” de la capacidad de adaptación funciona igual en muchos aspectos de tu vida. Puedes adaptarte a un trabajo tedioso y en el que no aprendes nada. Puedes adaptarte a un jefe caprichoso y voluble. Puedes adaptarte a relaciones personales que no van bien. Puedes adaptarte a no perseguir tus sueños. Puedes adaptarte a ser infeliz.

No quiero decir que adaptarse sea siempre malo. Pero creo que es bueno pensar de vez en cuando a qué “cosas malas” te has adaptado casi sin darte cuenta. Y, en esos casos, tomar tú el relevo de tu capacidad de adaptación y hacer cambios. Saca esa caja del salón. Encuentra otro trabajo mejor. Replantéate esas relaciones. Persigue tus sueños. Busca la felicidad.

¿Cuál es el momento adecuado para emprender?

Este es el último post de la serie “¿Qué hace falta para emprender?

¿Existe un buen momento para emprender? Hay varias teorías al respecto:

  • Hay quien dice que hay que emprender cuando eres joven, antes de que la hipoteca y los niños hagan que ya no puedas asumir riesgos
  • Pero también hay quien te dice lo contrario: trabaja, acumula experiencia sobre un séctor y después monta tu propio negocio teniendo ya experiencia y contactos

Mi opinión es que no hay ningún buen momento para emprender. Si haces un análisis racional de la posibilidad de emprender, nunca lo harás:

  • Si eres joven, porque todavía no tienes experiencia
  • Si ya llevas unos años trabajando, porque “vas muy bien” y no vas a desaprovechar todo el esfuerzo que has hecho ahora que empiezas a estar bien posicionado
  • Y si ya tienes la famosa hipoteca y la familia, porque ya no puedes pensar solo en ti y hay riesgos que no puedes asumir, qué pena no haberlo hecho antes

Total: que es muy fácil pasarte la vida entera encontrando razones para no emprender.

La decisión de emprender implica valorar las cosas en una dimensión distinta a la del trabajo, la seguridad, el currículum y la carrera profesional. Yo digo que es una decisión irracional, porque los que emprendemos somos unos insensatos que creemos que podremos superar todos los obstáculos que vayamos encontrando. Lo curioso es que de esa insensatez es de la que suelen surgir las nuevas ideas.

Otra cosa curiosa es que la gente que más te quiere será probablemente la que menos te anime a emprender. Como comenta María Alvarez de Linera, la gente que te quiere tiende a pensar que lo que más te conviene es seguir los caminos estándar, no desviarte de “lo correcto” y elegir siempre una aparente seguridad: los cambios se ven como algo peligroso porque puede que algo salga mal.

Mi opinión es que si sigues a todo el mundo acabarás donde todo el mundo. Además, creo que no es cierto que esos caminos estándar de los que hablaba sean seguros: si algo estamos viendo durante estos años de recesión es que nada está garantizado.

Las grandes empresas, por ejemplo, parecen seguras. Arthur Andersen, Enron, Lehman Brothers parecían seguras. Trabajar en una gran empresa es como viajar en un fantástico autobús de tropecientas plazas y con todas las comodidades: te sientes protegido por el tamaño y el lujo. Pero hay un detalle importante y es que no eres tú el que conduce. Por una parte es muy cómodo porque es otro el que te lleva. Pero lo que no solemos pensar es que el conductor puede hacer que se bajen la mitad de los pasajeros en la siguiente parada o puede quedarse dormido y estrellar el autobús.

Emprender es más como conducir un seiscientos: a lo mejor no tienes aire acondicionado ni GPS, pero por lo menos eres tú el que conduce. Puedes estar atento a los obstáculos para esquivarlos, puedes probar diferentes rutas y, muy importante, puedes elegir a tus compañeros de viaje.

Si has imaginado un camino, si tienes ganas de ser tú el que conduzca y si estás convencido de que superarás los obstáculos (aunque hoy no sepas cómo), el momento de emprender siempre es ahora.

Los otros posts de la serie:

¿Hace falta una gran idea para emprender?

Este es el segundo post de la serie “¿Qué hace falta para emprender?

¿Has pensado alguna vez que tienes ganas de emprender pero “te falta la idea”? Bienvenido al club: la búsqueda de esa gran idea  que cambiará el mundo para siempre es una de las actividades más frustrantes que existen.

La buena noticia es que no hace falta una idea revolucionaria para que te vaya bien (o incluso MUY bien).

Siempre digo que, cuando por fin se te ocurre una buena idea, en ese mismo instante se les está ocurriendo a otras cinco personas. Lo más probable es que ninguna la lleve a la práctica: lo fácil es quedarse en el “estaría genial” o “tenemos que hacerlo” y olvidarse unos cuántos días después. Incluso si sois dos los que os ponéis manos a la obra, solo uno de vosotros ejecutará bien la idea: el otro perderá fuelle al encontrarse con los primeros obstáculos (“vaya, pues no era tan fácil como parecía”) o descuidará las cosas importantes. Cuando lo piensas así, te das cuenta de que el valor de la idea es en el fondo muy pequeño: lo que cuenta es quién es capaz de ejecutarla mejor.

¿Y si nunca llegas a tener ni siquiera esa buena idea? No es el fin del mundo: tendemos a hacer un mito de la originalidad y pensamos que hay superhéroes capaces de ver siempre lo que nadie más ve, detectando oportunidades a diestro y siniestro. En la práctica, en lugar de esos superpoderes suele haber historias de perseverancia y de ensayo-error: las “historias de éxito” suelen ser solo los últimos proyectos de personas que una y otra vez han probado algo, se han equivocado y, en lugar de hundirse, han vuelto a intentarlo.

Así que la idea no es tan importante. Lo que en mi opinión sí es esencial es que estés convencido de que puedes hacer algo mejor que los demás. Paul Graham (fundador de Y Combinator, una famosísima “incubadora de startups” de Silicon Valley) sugiere simplemente que busques algo que esté mal resuelto, algo que piensas que hoy funciona de pena: en sus propias palabras,  “look at something people are trying to do, and figure out how to do it in a way that doesn’t suck“.

Cuando fundamos Crazy Labs pensábamos que podíamos ofrecer un mejor servicio que las agencias de marketing online que había en la época. En realidad no teníamos ni idea de dónde nos metíamos, pero el convencimiento de que podíamos hacerlo mejor nos hizo perseverar y la historia salió bien.

Si tienes ganas de emprender, si quieres construir algo diferente a lo que ya existe, si crees que puedes aportar algo nuevo en un negocio amodorrado, no necesitas una idea deslumbrante: solo tienes que remangarte, ponerte manos a la obra y no rendirte, porque lo que es seguro es que será más complicado de lo que imaginabas :-)

Los otros posts de la serie:

¿Puede cualquiera ser emprendedor?

Este es el primer post de la serie “¿Qué hace falta para emprender?

Como estamos en una situación económica de esas que hacen que sea mejor aislarse de las noticias, se oye mucho hablar sobre la importancia de emprender, de poner en marcha nuevos proyectos y “levantar el país” para “salir de ésta”. En términos generales me parece estupendo y si podemos cambiar un poquito nuestra cultura y conseguir que gente con talento se plantée emprender en lugar de opositar habremos avanzado muchísimo.

Pero antes de lanzarnos todos a abandonar los Ministerios o Telefónica, o antes de decir “no echo ni un solo curriculum más”, creo que hay que hacerse una pregunta importante: ¿puede cualquiera ser emprendedor?

Sinceramente, creo que le respuesta es no, igual que no todo el mundo puede ser jugador de baloncesto, cirujano o poeta. Esto no significa que haya que ser especialmente brillante para emprender (si lo pensara me merecería una “paliza” en las redes sociales), sino algo mucho más sencillo: si no tienes un par de cualidades clave, lo vas a tener mucho más difícil… y emprender ya es de por sí una tarea ardua.

La primera cualidad importante es tu tolerancia hacia la incertidumbre. Cuando te embarcas a construir una empresa donde antes no había nada, y por mucho business plan que te hayas currado, lo cierto es que no tienes ni idea de qué va a pasar ni mañana, ni dentro de un mes ni dentro de un año. No sabes si te van a quitar tu producto de las manos o si solo lo van a comprar tu madre y las madres de tus socios. No sabes si estás en el negocio del siglo o si vas a tener que ponerte a buscar trabajo dentro unos meses. Por no saber, muchas veces no sabes ni quién te mandó a ti meterte en esto.

Si llevas mal la incertidumbre, si te gusta tener tu rutina y saber perfectamente lo que vas a estar haciendo el mes que viene, el año que viene y a ser posible dentro de 10 años, entonces seguramente no debas emprender porque lo vas a pasar muy mal.

La segunda cualidad importante es también poco común: te tiene que gustar vender. Muchos pensaréis “¡Horror!: pero si yo soy programadora/diseñador/ingeniera/contable…”. Da igual cuáles sean tus conocimientos técnicos: si decides emprender, vas a tener que vender tu producto o vender tus capacidades continuamente.

Si tienes prejuicios hacia la venta, si te imaginas timando a ancianas para que compren productos que no necesitan, estás pensando en el “reverso tenebroso” de la venta. La realidad es que hay vendedores buenos y malos igual que en todas las profesiones y que vender puede ser una actividad muy enriquecedora si lo haces bien. Vender es conversar, ESCUCHAR y contar con pasión aquello en lo que crees (si no puedes hablar con pasión de tu producto o de lo que puedes ofrecer a lo mejor no estás en el lugar adecuado).

Dicho esto, si te da vergüenza hablar de ti mismo, si odias tener que explicar por qué tu producto es bueno, si las reuniones te provocan sudores fríos… no digo que no puedas emprender, pero sí que te tienes que buscar desde el momento cero a un socio que te complemente (y yo en cualquier caso intentaría mejorar en esos aspectos).

Si te ves capaz de vivir en la incertidumbre, si crees en tu proyecto y te ves vendiéndoselo a quien quiera que se te ponga delante, tienes muchísimo ganado. Falta responder a otras dos preguntas más:

¿Qué hace falta para emprender?

¿Puede cualquiera ser emprendedor? ¿Hace falta una gran idea? ¿Cuál es el momento adecuado para emprender? Siempre que me invitan a contar mi experiencia como emprendedor surgen estas preguntas y he decidido publicar una serie de posts con  mis respuestas que, como siempre, no se basan en nada más que en mi experiencia personal.

 

El comercio electrónico es muy poco electrónico

Nota: como tengo el blog tan abandonado que se pueden ver pasar las bolas de ramas de las pelis del Oeste*, a lo mejor no sabes que desde hace un año estoy dedicado a tope a Regalador.com, la tienda online que te ayuda a encontrar el regalo perfecto para cada tipo de persona. ¿Todavía no la has probado? ¿A qué esperas? Aquí está el link otra vez.

Cuando pensamos en comercio electrónico imaginamos páginas webs, ordenadores, almacenes robotizados… y parece que la tecnología es la clave de todo. Pero si hay algo que he aprendido desde que lanzamos Regalador.com es que las piezas clave son otras muy distintas. Son inconsistentes, no escalan bien, vienen sin documentación, unos días te sorprende lo bien que funcionan y otros te fallan sin importar cuánto testing hayas hecho: son, como siempre, los humanos.

Tengo ejemplos para aburrir:

  • Si tenemos una selección fantástica de regalos no es gracias a ningún robot ni un algoritmo, sino al trabajo diario de Pedro (con la inestimable ayuda de Carol, Ceci y Marta). Y si conseguimos buenos precios de los proveedores no es por nuestro volumen de compra, sino porque Pedro se pasa horas al teléfono con ellos —en español, en inglés o en lo que haga falta—, convenciéndoles de que este proyecto “va a ser la bomba”.
  • Si nuestra web es diferente y más fácil de usar no es porque hayamos elegido un software especial, sino porque Rafa no se conforma con las cosas a medio hacer. Por fastidiar le voy a llamar aquí “developer”, que es como si a Botín le llamo director de sucursal.
  • Si nos encuentras en buscadores tampoco es casualidad: Lakil se asegura de que nuestros contenidos sean relevantes… ¡y de que Google se dé cuenta! Y si en lugar de un programa eres un humano, te encontrarás con frases como “Los guerreros ninja nunca se mojan: con el paraguas samurái, sabrás por qué“: Nuria se encarga de contar todo de una forma especial.
  • Si los emails que recibes cuando compras en Regalador.com no se parecen a ningún otro es porque Ignasi tampoco se parece a ningún otro.
  • Si cada día se entregan decenas de pedidos del día anterior —listos para regalar, por supuesto— no es por un sofisticado software de gestión de la cadena logística, sino porque Mercedes se ha asegurado de que cada detalle esté donde tiene que estar (que si hablamos de packaging significa “donde Ceci ha dicho que tiene que estar”). Las sorpresas que incluimos en cada paquete son cortesía del equipo de operaciones especiales: María, Rafa Jr. y Anita (que también hizo de locutora profesional para nuestro contestador automático: no olvides llamar fuera de horario para escucharlo).
  • Y si los Clientes nos envían espontáneamente tantas buenas opiniones no es por nuestra tecnología, sino porque todos nos preocupamos porque la experiencia de compar en Regalador.com sea lo mejor posible de principio a fin.

Y esto no ha hecho más que empezar: se acaba de incorporar Ignacio… ahí es nada. Yo he avisado.

Habrá quien piense que esto parece un publirreportaje —no puedo evitarlo, creo en el producto que ofrecemos ;-)—, pero lo cierto es que las personas han sido también la clave en las decisiones que hemos tomado sobre nuestros proveedores:

  • Trabajamos con Nacex porque Luis fue, con diferencia, quien mejor nos trató desde el principio. Y cuando César recoge los paquetes cada tarde (cada vez haciéndose más viajes a la furgoneta), sabemos que están en buenas manos.
  • Trabajamos con CatalunyaCaixa porque Héctor coge la moto y se viene a vernos, sabe de lo que habla o lo averigua y trabaja con un equipo de ecommerce que responde y resuelve
  • Elegimos Openbravo como ERP porque Moncho nos vendió una solución en lugar de vendermos una moto y porque hablando con Asier supimos que haría todo lo necesario para adaptarlo a nuestras necesidades y ponernos en marcha

Claro que hay tecnología de por medio, como ya en casi todas partes, pero lo que sigue marcando la diferencia son las personas con las que trabajas.

Cómo redactar un texto incomprensible

¿Recordáis lo de “la parte contratante de la primera parte”? Creo que Paypal ha recuperado algún guión inédito de Groucho Marx para redactar este email que recibimos el otro día en Regalador.com:

PayPal ha intentado retirar su saldo de final del día de 05/14/2012 de su cuenta bancaria.  Lamentablemente, no ha podido hacerlo porque su saldo de final del día de 05/14/2012 era mayor que el saldo que tenía en el momento en el que PayPal intentó retirarlo.

Si envía o retira dinero (incluyendo reintegros y cancelaciones) después de su saldo de final del día y antes de que PayPal intente retirar fondos de su cuenta, no habrá fondos suficiente para retirar. En estos casos, PayPal intentará retirar el saldo final de cualquier saldo que no se haya retirado previamente durante los últimos 7 días.

Work in progress