Malvados empresarios

Una vez más, el gobierno ha tomado medidas para evitar que los malvados empresarios, que están deseando encontrar cualquier excusa para despedir a los trabajadores, aprovechen una crisis para hacer realidad sus perversos planes. Hay tantas falacias en esa narrativa que cuesta decidir por dónde empezar.

La propia dicotomía entre empresarios y trabajadores es, a día de hoy, una patraña. Han pasado casi ciento ochenta años desde que Engels describiera las lamentables condiciones de trabajo en las fábricas del Manchester de la revolución industrial. Es absolutamente evidente que la realidad actual de las sociedades occidentales no se parece en nada a la que inspiró la idea de la lucha de clases. Sin embargo, la retórica política sigue muchas veces atascada en el siglo XIX.

En la España de 2020, ¿qué es un empresario? ¿Amancio Ortega? ¿Un directivo de una empresa del IBEX 35? La realidad es que en España el 95% de las empresas con asalariados tienen menos de 20 empleados. Así que el empresario tipo es, más bien, una persona anónima que ha montado una de las cientos de miles de empresas que no salen en las noticias. ¿Cuánto empleo generan las pequeñas y medianas empresas? En enero de 2020 las pymes empleaban a 8,9 millones de personas (frente a 5,5 millones para las empresas grandes, con 250 o más empleados).

¿Y qué es un “trabajador”? ¿Es que los empresarios no trabajan? España está llena de empresarios que trabajan sin horarios para poner en marcha y sacar adelante sus empresas. Esas empresas generan empleo y los empresarios y los empleados (todos ellos trabajadores) se necesitan mutuamente. Y no hablemos de los autónomos. Como no encajan bien en la retórica de empresarios opresores y trabajadores oprimidos, son los eternos olvidados: complican un poco el mensaje, así que mejor hacemos como si no existieran.

¿Hay casos de empresarios sin escrúpulos que imponen condiciones abusivas a personas con pocas alternativas? Por supuesto, igual que hay casos de empleados que roban a la empresa, prolongan falsas bajas, etc. Lo que no podemos hacer es usar unas cuantas anécdotas para descalificar o asignar una superioridad moral a un grupo u otro.

Los empresarios contratan empleados para hacer crecer sus negocios. Cuando las cosas van bien, las empresas contratan más. A la inversa, cuando las cosas van mal las empresas tienen que reducir sus costes, lo que a menudo implica despedir a algunos empleados. Esa adaptación es imprescindible para que las empresas puedan subsistir: si una empresa no puede reducir sus costes cuando el negocio va mal, acabará por cerrar y no se perderán algunos sino todos los empleos que generaba.

¿Significa esto que debamos abandonar a su suerte a los empleados con pocos recursos que pierden su única fuente de ingresos? No, pero la “protección social” la debe proporcionar el estado y no el empresario que necesita reducir sus costes para mantener su empresa a flote. Pero, ¿los empresarios no son “los ricos”, mientras que los empleados son “los pobres”? No. Hay empresarios millonarios y empresarios que no saben cómo van a llegar a fin de mes. Hay empleados que cobran el salario mínimo y hay empleados con salarios de doscientos mil euros. Además, ya tenemos impuestos progresivos para que el estado pueda ayudar a las personas con menos recursos y oportunidades: ¿qué justificación tiene imponer cargas adicionales a los empresarios en el momento en que peor van sus negocios?

Si superáramos la retórica de opresores y oprimidos, veríamos que lo que nos beneficia a todos es una economía sana en la que las empresas rentables puedan adaptar sus costes (hacia arriba o hacia abajo) en función de la situación. Cuanto más actuemos en base a la ideología de clases, más nos perjudicaremos a todos.

Empresarios, empleados, autónomos... ¿se nos olvida alguien? Ah, sí, los desempleados: estamos tan preocupados por que quien tiene un empleo lo conserve que nos olvidamos de quienes no lo tienen. ¿Y qué es lo mejor que podemos hacer para que haya más empleos? Pues precisamente ayudar a que las empresas rentables sobrevivan, para que puedan volver a contratar cuando se supere la crisis. A lo mejor va a haber que replantearse eso de los malvados empresarios.